CARNE O PESCADO
El restaurante rezuma elegancia a la vez que modernidad, con lámparas, mesas y sillas de atrevido diseño y llamativos colores en las paredes. En la cocina, Esteban, el chef, ha convocado una temprana reunión con su dos subchef, está a punto de jubilarse y debe elegir cual le sustituirá. Juan y Tomás llevan trabajando largo tiempo con él y aprecia mucho a ambos.
–Escuchadme, no me he jubilado antes porque desde hace meses teníamos contratada para mañana una cena con un personaje muy importante. Será mi último servicio, es decir, a partir de mañana, uno de vosotros dos me sustituirá. Los dos hacéis un estupendo trabajo, así que esa cena servirá para decidir quién. Esta tarde me presentaréis vuestros menús.
Una sensación los embarga, mezcla de pena de pena por la marcha de su mentor, alegría por la oportunidad y miedo por la posibilidad de no resultar elegidos. Su jefe lanza una sorpresa.
–No quiero filtraciones, por eso no he dicho nada al resto del personal, mañana viene a cenar…, ¡la familia real!
Tras el susto, visible en sus caras, los dos aspirantes se van a escribir sus listas.
Juan es partidario de la carne como plato principal, así que escribe lo necesario para preparar dos platos de ternasco de Aragón, uno de paletilla rellena de tortilla de trufa con perejil y otro de canelones con chilindrón y trufa también.
Tomás piensa triunfar con pescado, mezclando modernidad y tradición, un poco de salmón en sashimi con albahaca, soja y wasabi y un poco de bogavante con confitado de patata y alioli ligero.
Esa tarde, los subordinados presentan sus propuestas compuestas de entrantes, platos principales y deliciosos postres. Esteban se mete a su despacho y comienza a leerlos con una sonrisa que desaparece tras leer la primera y se transforma en mueca tras revisar la segunda. Sale con ímpetu, asustando a los jóvenes. Lleva en la mano un ejemplar de la la revista Hala.
–¿Esto habéis aprendido? ¿Esto os he enseñado? –los jóvenes tiemblan– ¿Qué os dije? Artículo primero, conocer al personal, informarse.
No entienden nada y se encogen de hombros. Esteban, malhumorado, señala la portada de la revista.
–¡La princesa Violante, es vegana!

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