AIRES DE SIEMPRE
Mi abuela me contaba historias deliciosas sobre elegantes bailes en casas lujosas, donde las señoritas casaderas agitaban sus abanicos, no solo con intención de refrescarse las mejillas arreboladas cuando un joven las miraba, sino para contarle a este lo que opinaban de él, con un sutil lenguaje: si una mujer lo movía rápidamente, si lo apoyaba abierto sobre el corazón o lo dejaba caer delante del galán, este había triunfado, o eso se creía, porque en realidad era ella la que había elegido. En aquellos tiempos las varillas estaban hechas con maderas exóticas y el país, la tela, con sedas traídas de Oriente. Lógicamente, los pobres también tenían derecho a usarlos y para ello utilizaban maderas locales y tejidos más humildes o incluso papel.
No sé por qué, pero toda la vida nos han llamado abanicos, sin embargo el dueño de la tienda en cuyo escaparate me encuentro, me anuncia como un ventilador ecológico. Bueno, también podían decirme creador de brisas refrescantes, o peor aún, no existir por falta de demanda. Hay que adaptarse y subsistir.
En esta vitrina compartimos espacio unos confeccionados con varillas de madera y seda como yo y otros con varillas de plástico y telillas sintéticas. Evidentemente no tienen mi categoría, pero entiendo que todos tenemos derecho a existir. Lo malo es la competencia desleal que nos hacen con sus precios muy inferiores y es que la gente, inconsciente, racanea en un asunto tan importante como es la calidad del aire que va a acariciar su rostro.
En mi caso, me gustaría que me comprara una persona, hombre o mujer me da igual, muy calurosa, y que viaje mucho, me gustaría ver mundo. Y si no, al menos que viva en un lugar cálido para que me saque a menudo. No hay nada más triste que ser abanico en Groenlandia, un recuerdo turístico de un viaje a España que queda recogido en un cajón, o pinchado en una pared, pero siempre entre las mismas cuatro paredes.
¡Oh! Me sacan del escaparate, me depositan en las manos de una señora y… sí... sí…, esto es abanicarse, tú sí que sabes. Creo que vamos a ser muy felices juntos.

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