CUARENTA AÑOS NO SON NADA

Aparcas el coche en el garaje y subes a la oficina. Es domingo, temprano. El vigilante, extrañado, te abre la puerta. Las luces están apagadas, solo brillan las luminarias de emergencias como las lamparillas de las iglesias, dando a la sala un aspecto sacro y un tanto tenebroso, con esos modernos tabernáculos de plástico y metal en los que se adora al dios Internet.

Es tu primer día de jubilado y ahora, aquí, recuerdas tu primera jornada en la empresa. Vuelve a tu memoria tu ilusión por trabajar, por demostrar tu valía. Entonces pensabas en aprender, en mejorar, robabas tiempo al sueño estudiando hasta horas prohibitivas, poniéndote al día en tecnologías, en las últimas técnicas, diseñando estrategias que explicabas a tu jefe, quien te daba una palmadita en la espalda y luego las presentaba como geniales ideas suyas. Pero no te importaba porque seguro que en todas las empresas pasaba igual, y confiabas en que lo tendría en cuenta para premiarte con un merecido ascenso.

Pasaron los años y el ascenso no llegó, aquí solo cabe un jefe. Con la edad empezó el miedo, rodeado progresivamente de jóvenes cargados de másteres, idiomas, experiencia en el extranjero… Cada vez te resultaba más difícil entender su lenguaje, no solo el técnico, incluso el coloquial, entender sus bromas, seguir su ritmo. Sin embargo, afortunadamente, el temido cese no llegó.


Deberías estar contento y sin embargo, un regusto amargo te invade. Mirando tu mesa, introduciendo en la cartera tus efectos personales, cada vez que recog
es un portafotos, tu libreta de notas, la estilográfica que te regalaron tus hijos y cuando, por último, coges tu bolígrafo favorito, sientes que un pedazo de ti se queda en ese antro y  una lágrima asoma por tu ojo derecho. Sabes que no es costumbre hacer despedidas a los veteranos, por eso has venido en día de fiesta y ayer no dijiste nada a los… ¿compañeros? No, últimamente ya no los veías así, te sentías un dinosaurio entre estos muchachos. Y no es culpa suya, es la vida.

Suspiras, coges el maletín y sientes una gran carga… No es para menos, pesa casi cuarenta años.

 

 


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