SIEMPRE HA HABIDO CLASES Menuda discusión he tenido con unas compañeras de trabajo, que si todas somos iguales, que si todas hacemos la misma función. Pues no, de eso nada. Es cierto que todas nos componemos de sílice, sodio y caliza, pero lo que distingue a las de mi alcurnia, es que las copas de cristal tenemos al menos un veinticuatro por ciento de plomo, o titanio las más modernas. No como esas advenedizas de vidrio, mucha fachada pero no tienen los bordes tan finos, ni dejan pasar la luz con la misma elegancia, y sus recias paredes no emiten unos sonidos tan bonitos, ni permiten percibir igual los aromas del vino. Reconozco que cada vez hacen mejor los vidrios, más transparentes, y aunque se enfade mi primo, el vaso de agua, el más baqueteado de toda la vajilla, yo creo que para hacer su trabajo son mejores, ya que aunque sus vastas paredes no sean capaces de descomponer la luz como bonitos prismas, son más resistentes a los golpes. En mi caso, es cierto, somos más f...
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Mostrando entradas de diciembre, 2025
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QUÉ TONTERÍA El poeta llega frente el edificio, una casa unifamiliar, un adosado. El pequeño jardín de la entrada se ve bien cuidado, con el césped uniforme, la tierra húmeda y aun así presenta un aspecto mortecino y un color verde apagado. Estamos en abril, pero en este rincón reina el otoño. No solo el jardín. El porche, la puerta, las ventanas, la casa entera le dicen que lo ha encontrado, que ahí está lo que busca. La verja de la calle está abierta. Entra, atraviesa el mustio parterre y llama a la puerta. La aldaba produce sobre la reseca madera un ruido extraño, lúgubre. Suenan pasos en el interior de la casa, se abre la puerta y se disipan las dudas que le pudieran quedar. Frente a él, una cara triste, un rostro amargado, una persona agotada que no muestra sorpresa. –¿Eduardo? –Le pregunta. El hombre que ha abierto la puerta rebaja un poco su rictus, sonríe levemente y habla con evidente alivio. –¡Por fin! Le estaba esperando. Pase, por favor, pase. Eduardo se...
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Segundo premio del XXXVIII Certamen Literario Picarral. UNA MUJER DE CUIDADO —¡Todo el mundo al suelo, esto es un atraco! ¡Tú, la cajera, no se te ocurra tocar el botón o me cargo a este! ¡Tú, John Wayne, no me mires! ¡No me mires! Eso es, baja la cabeza y mira las baldosas, que son muy bonitas. Ahora, muy, pero que muy lentamente, saca el revolver con dos dedos y lo empujas por el suelo hacia mí… Así, muy bien y ahora, quietecito mientras te sujeto con la cinta americana para evitar tonterías. ¡Dios, qué subidón! Así que, esto era, esto es lo que se siente. Todos aquí tumbados, temblando como unos miserables, sin levantar la cabeza, como si yo fuera un dios terrible, cruel, aunque les trate con amabilidad. Les he dicho que no les voy a hacer daño, que conmigo están a salvo, pero a cambio les exijo sumisión total… Es maravilloso, y si me pongo en su lugar, aterrador. ¿Qué pensarán? Todos se preguntarán “¿por qué?”, “¿por qué me ha tocado a mí?”, sin sospech...